Bitácora Freedom Riders #01
Entre ruinas mayas, carreteras solitarias y café por la mañana, descubrimos un hostal que parece hecho para viajeros que buscan algo más que descanso.

El cambio de rumbo
Todo comenzó cuando decidimos cambiar nuestra ruta original a San Cristóbal de las Casas. Ambos tuvimos sentimientos encontrados. Vasty sintió frustración y tristeza por dejar ir ese viaje que habíamos imaginado durante semanas, y yo también lo lamenté, pero en el fondo lo vi como una oportunidad. El viaje a San Cristóbal no iba a ser en moto y este sí. Además, sería nuestro primer viaje largo juntos sobre dos ruedas y eso bastaba para que el rumbo distinto se sintiera correcto.
No sabíamos que para visitar Calakmul se necesitaba un día completo, así que decidimos buscar hospedaje por dos noches en algún lugar cercano. Las opciones más comunes eran Xpujil o Becán, y fue ahí donde encontramos, casi por casualidad, un sitio llamado Mono Rojo en Airbnb.
Había lugares más baratos o con mejores fotos, pero ninguno tenía lo que transmitía ese nombre y sus imágenes: arte, naturaleza, libertad. Lo reservamos sin pensarlo demasiado. Yo, debo admitirlo, estaba un poco nervioso; sería mi primera experiencia en un hostal con baño compartido y ambiente más comunitario. Vasty, por suerte, ya tenía algo de experiencia en eso y su entusiasmo fue contagioso.
La mañana de partida
Esa mañana, en Chuburná, todo se sentía distinto. Yo estaba nervioso. Había recorrido muchos kilómetros antes, pero nunca había hecho un viaje tan largo y continuo en moto y menos solo con Vasty. Quería tener todo bajo control. Hicimos un checklist mental y físico, revisamos herramientas, ropa, café, cámara, calibrador, todo. Intenté no dejar nada a la suerte.
La ruta
La carretera fue una joya. El clima perfecto: sol radiante, brisa fresca, ni una gota de lluvia. Lo que más disfruté fue la parte después de Hopelchén, donde los baches y las comunidades menonitas le daban al camino un ritmo propio. Era una ruta que te obligaba a estar presente.

Teníamos los intercomunicadores encendidos y veníamos platicando de todo —de la vida, del camino, de lo que íbamos a comer. Fue un trayecto divertido, de esos en los que sientes que la moto también sonríe.
En las paradas, sobre todo en Muna, recordaba lo bonito que es estar en medio del camino, sintiendo la aventura viva y compartiéndola con Vasty. Tomábamos un poco de cold brew de Freedom Society y el paisaje se encargaba del resto.
La llegada a Mono Rojo
Cuando llegamos a Becán y vimos Mono Rojo, lo primero que pensé fue si realmente quería quedarme ahí. El lugar tenía algo extraño, casi místico, pero también un poco inquietante.

Memo, el anfitrión, apareció entre esculturas y plantas. Su presencia era distinta. Tenía algo en la mirada, entre artista y ermitaño. No sabía si confiar o si dar la vuelta y buscar otro lugar. Pero había algo en su energía que te hacía quedarte.
Cerca de Mono Rojo se encuentra un lugar delicioso que queremos recomendarte, se llama el Sazón de Veracruz.

La conexión con Memo
Con el paso de las horas todo cambió. Platicamos con Memo sobre Freedom Society Beach y lo mucho que nos inspiraba su forma de vivir. Se emocionó. Nos contó su historia, cómo llegó desde la Ciudad de México, su relación con el arte, con la naturaleza y con ese espacio que había transformado en su refugio.
Después del recorrido por Becán nos invitó un café en su prensa francesa y entre sorbos de ese café fuerte y aromático nos compartió anécdotas, técnicas para dibujar con proyecciones, ideas sobre la vida y el arte. Fue una de esas conversaciones que no se buscan pero que te encuentran.
Antes de irnos incluso hablamos de la posibilidad de que algún día pudiera visitarnos y colaborar en Freedom Society Beach con su arte. Era un cierre perfecto para un encuentro inesperado.
El recorrido a la zona arqueológica
Al día siguiente, Memo nos ofreció un tour guiado a la zona arqueológica de Becán y aceptamos sin dudarlo.
Seguíamos a un completo desconocido, con una pinta muy exótica, hacia lo que él llamaba su patio. Entramos por una pequeña puerta y nos internamos en la selva. El suelo estaba húmedo por las lluvias, el aire cargado de humedad y nos acompañaban sus tres perros: Nube, Lluvia y Chaco, que hacían más ligera la caminata.
La sensación de incertidumbre duró apenas unos segundos. En el trayecto, Memo fue compartiendo fragmentos de su rutina: cómo cada mañana camina entre esos árboles, cómo agradece al sol que se cuela entre la bruma, cómo el impacto del Tren Maya ha cambiado la zona. Escucharlo era como entrar en su forma de mirar el mundo. Fue una mezcla de emociones sensacional.

Las noches en Mono Rojo
Las noches en Mono Rojo fueron épicas. Dormimos en una cabaña pequeña, con una cama cubierta por un pabellón y rodeados de selva. Afuera, unos pequeños focos apenas iluminaban el entorno; la oscuridad dominaba el resto.

Al estar justo sobre la carretera Escárcega–Bacalar, el sonido de los trailers se mezclaba con el canto de los insectos y el rumor de los animales nocturnos. Memo nos contó que a algunos huéspedes ese ruido no les gustó, pero a nosotros nos fascinó estar presentes y sentir el entorno.
Después de la primera noche, la sensación de estar fuera de lugar se transformó en comodidad total.
El café y la despedida
Aunque llevábamos el AeroPress no alcanzamos a usarlo. Pero el café que compartimos con Memo, preparado por él en su prensa francesa, fue el cierre perfecto.
Era un café simple, pero tenía sabor a experiencia, conversación y conexión humana. En esa mesa, con el vapor elevándose y el sonido del monte al fondo, entendí que el café es mucho más que una bebida: es un puente. Y en ese momento nos unía a un desconocido que ya no lo era.

El regreso
Al despedirnos sentimos que cerrábamos un capítulo y abríamos otro. De Becán rodamos hacia Bacalar para desayunar y después hacia Mahahual. Pero la sensación era diferente.
El viaje había dejado una huella. Nos quedamos con la sed de seguir explorando, de documentarlo todo, de contar las historias que el camino nos regala.
En Mono Rojo entendimos que la libertad no siempre está en avanzar. A veces está en detenerte a mirar lo que otros pasan por alto. Nos fuimos con la certeza de que este era solo el inicio de algo más grande.
Info útil
- Ubicación: Becán, Campeche, México
- Anfitrión: Memo, artista y creador de Mono Rojo
- Instagram: Sigue a Mono Rojo
- Ideal para: viajeros creativos, fotógrafos, riders y exploradores que buscan conexión real
- Zona arqueológica: a 5 minutos caminando desde el hostal
- Tip: pide el café de Memo. No por el sabor, sino por la conversación que viene con él.



